Serpientes con botiquín

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El patrón brillante de amarillo, rojo y negro que se dibuja sobre su esbeltísima silueta al deslizarse sobre la hojarasca, es un aviso de peligro. Las serpientes coralillo forman parte de la familia Elapidae, que junto con la familia Viperidae, concentra a algunos de los reptiles más venenosos en nuestro país. El veneno de las coralillo es utilizado para, literalmente, paralizar a sus presas, es por eso que cuando este estado alcanza al diafragma, la respiración se detiene y hay muerte por asfixia.

Se considera que en nuestro país sólo ocasionan entre el 1 y el 2% de los accidentes ofídicos (por mordedura de serpiente), ya que en realidad son serpientes con un temperamento tranquilo y como cualquier animal, solo atacan cuando se sienten muy amenazadas o alguien pisa por accidente el sustrato del suelo donde buscan a las lagartijas y otras culebras que conforman su dieta; sin embargo, los accidentes ocasionados por elápidos en nuestro país pueden llegar a ser letales y una de las preocupaciones de los organismos internacionales de salud, como la OMS, ha sido la creación de antivenenos adecuados para salvar a la población rural que convive más directamente con estos animales.

 

Los antivenenos o antiofídicos de serpiente son el tratamiento que se utiliza para neutralizar el veneno en las víctimas de mordeduras de serpiente. Los elápidos tienen en su veneno dos grupos principales de proteínas a las que se debe su toxicidad: las fosfolipasas y las neurotoxinas. Dentro de estas últimas se ubican las alfa-neurotoxinas, responsables del mencionado paro respiratorio. Un equipo del Instituto de Biotecnología de la UNAM (IBt) desarrolló un antígeno para la producción de antivenenos capaces de inhibir los efectos que producen no sólo las mordeduras de las serpientes coralillos, sino también de las mambas y cobras, pertenecientes a la familia de elápidos, y ubicadas en los continentes de América, África y Asia.

El Doctor Gerardo Corzo, especialista en venenos de animales ponzoñosos del IBt señala que en el desarrollo tradicional de antivenenos se utiliza el veneno completo de las serpientes para despertar la respuesta inmune en un animal como el caballo. Con una dosis precisa para que no muera y no tenga problemas fisiológicos, el caballo genera una respuesta que se traduce en la generación de anticuerpos contra esos venenos. La ponzoña de la serpiente se inocula poco a poco hasta que maduran estos anticuerpos que contrarrestan la actividad del veneno. Posteriormente, se extraen de la sangre.

La evolución de los inmunógenos

Sin embargo, los procedimientos para la obtención de estos antídotos han evolucionado gracias a la biotecnología. La composición de los venenos de serpiente, es una mezcla compleja de proteínas, péptidos, enzimas, azúcares, lípidos y trazas de algunos cationes. El especialista explica que existen muchas proteínas en el veneno de animales ponzoñosos, como serpientes, alacranes o arañas, pero no todas son peligrosas para la intoxicación del humano, sólo algunas cuantas. Precisamente aquí radica el cómo ha evolucionado el proceso de creación de un antiveneno, pues ahora se pueden buscar en los venenos cuáles son precisamente los componentes realmente tóxicos al organismo.

Una vez que se obtiene esa proteína lo que se hace es crear, mediante síntesis química o biológica, una molécula. Ésta se inocula al caballo, dejando fuera otras decenas de compuestos que no son importantes y de esta forma el animal realiza la respuesta inmune contra la molécula elegida. Este anticuerpo tiene una mejor calidad porque todos los esfuerzos del organismos van dirigidos contra un tóxico específico.

En el caso de la investigación realizada por Guillermo de la Rosa, como su tesis de doctorado; y asesorada por Corzo, lo que se hizo fue crear un inmunógeno mediante la tecnología del ADN recombinante. De la Rosa Hernández estudió la estructura primaria de las alfa-neurotoxinas, para luego crear una neurotoxina con las características de todas las alfa neurotoxinas, a la que llamaron ScNtx. El antiveneno experimental producido es capaz de neutralizar veneno de serpientes de tres continentes.

Se eligió una proteína tóxica que se encuentra en varios elápidos. “Es interesante porque esta proteína la produce de igual forma una coralillo de América que una Mamba de África o una cobra de Asia; entonces los alcances de este inmunógeno son a nivel mundial, es bastante universal”. Sus alcances son bastantes amplios porque se buscaron los compuestos tóxicos comunes a diferentes animales ponzoños. “Esto podría ser una nueva generación de dos cosas: inmunógenos y anticuerpos” señala Corzo. Se piensa que incluso este inmunógeno podría resultar eficaz contra el veneno de la serpiente marina amarilla (Pelamis platura) y algunas otras serpientes venenosas para las cuales aún no se ha desarrollado un antídoto.

El impacto mundial de un antiveneno más poderoso puede ser también benéfico en otras latitudes. Según datos de la OMS, ocurren alrededor de cinco millones de casos de mordeduras de serpiente al año y casi 50% ocurren en Asia. Uno de los países con más casos y muertes generadas por este tipo de accidentes es India, que registra 90 mil casos al año. En México son registradas, según el Sistema Nacional de Vigilancia Epidemiológica, alrededor de mil 800 mordeduras al año. El desenlace tiene que ver con la especie, edad y tamaño del animal, así como con el volumen de veneno inoculado; pero también tiene que ver con la edad, enfermedades y sitio de la mordedura en la víctima.

Otro potencial

Este tipo de estudios también pueden ser un punto de partida para otros usos farmacéuticos. Corzo comenta que las neurotoxinas tienen otras aplicaciones a nivel fisiológico y relacionadas con enfermedades asociadas a lo que se llama canales iónicos. “La generación de proteínas recombinantes para uso farmacéutico a partir de venenos de animales ponzoñosos tiene un potencial muy alto porque desde el punto de vista molecular, tienen receptores específicos y estas moléculas ya creadas se pueden modificar de tal forma que generen un bienestar. Por ejemplo, existen otras proteínas, no de serpientes, sino de arácnidos, que pueden bloquear ciertos receptores iónicos que evitan la generación de anticuerpos, es decir moléculas inmunosupresoras, lo que se vuelve importante en los trasplantes de órganos”.

En las serpientes también se encuentran proteínas con mayor masa que son muy útiles en los tratamientos relacionados con la hemostasia, el sistema de coagulación en la sangre. Este tipo de fármacos ayuda a disolver trombos y disminuir el riesgo de infartos al miocardio. De hecho, uno de los medicamentos más importantes en los padecimientos cardiovasculares, como es el captopril, se desarrolló con una molécula descubierta hace casi cincuenta años y aún es un fármaco utilizado para el tratamiento de la hipertensión, de hecho se dice que fue a partir de este descubrimiento que se empezaron a considerar los venenos de animales como fuentes de compuestos bioactivos con otros usos.

La tecnología ha abierto diversas posibilidades a través del tiempo “También hay una línea que maneja nuevos antibióticos porque ciertas proteínas poseen efecto microbicida; y hay otras que tienen una reacción contra el dolor agudo o crónico. Las serpientes son fuente valiosa de moléculas e incluso el efecto de la más tóxica se puede revertir. La capacidad de modificar la estructura bioquímica de ciertas moléculas puede convertir el veneno en una causa positiva”.

Con información de el universal.